Genética de la esquizofrenia: serotonina, dopamina e interleukinas

La esquizofrenia, según los conocimientos actuales, puede considerarse un grupo heterogéneo de síndromes de etiología desconocida, que difieren en sintomatología, curso y resultado final, y cuyo diagnóstico descansa fundamentalmente en criterios clínicos (Pull, 1999). La gravedad de las consecuencias para quienes la padecen, así como para su entorno, hace que la investigación de su etiopatogenia, prevención, tratamiento y rehabilitación sea una prioridad en psiquiatría. Pasados los devaneos de la analítica existencial, el psicoanálisis o la antipsiquiatría, el estudio de este paradigma de la locura se centra en la actualidad en los aspectos neurobiológicos. Existe un cúmulo creciente de datos descriptivos clásicos, aún imprescindibles para delimitar este trastorno; sin embargo, el futuro se encamina de manera decidida al estudio de la combinación de la interacción genes-ambiente a través de diseños cada vez más complejos. El modelo actual causal de la esquizofrenia mantiene que tanto los factores de riesgo genéticos y ambientales contribuyen al desarrollo de la enfermedad, aunque el progreso detectado en los últimos años sugiere que estamos más cerca de entender las influencias genéticas que de caracterizar las influencias ambientales específicas (Riley et al, 2005).

AUTOR:

Carlos Oliván Roldán