APROXIMACIÓN A LOS FACTORES CLAVE DEL RETORNO DE LA INVERSIÓN EN FORMACIÓN E
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ISSN: 2254 3376
DOI: http://dx.doi.org/10.17993/3cemp.2016.050428.12-31
APROXIMACIÓN A LOS FACTORES
CLAVE DEL RETORNO DE LA
INVERSIÓN EN FORMACIÓN E-
LEARNING
APROACHING THE KEY FACTORS OF RETURN ON
INVESTMENT IN TRAINING E-LEARNING
Pedro Ramiro Palos Sánchez
1
1. Doctor en Economía de la Empresa y Profesor Asociado del Departamento de Dirección
de Empresas y Sociología. Universidad de Extremadura. E-mail: ppalos@unex.es
Citación sugerida:
Palos Sánchez, P.R (2016). Aproximación a los factores clave del retorno de la inversión en formación
e-learning. 3C Empresa: investigación y pensamiento crítico, 5(4), 12-31. DOI:
<http://dx.doi.org/10.17993/3cemp.2016.050428.12-31/>.
Recepción: 13/06/2016
Aceptación: 11/10/2016
Publicación: 24/11/2016
Pedro Ramiro Palos Sánchez
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RESUMEN
En el contexto actual, donde medios de comunicación y grupos de interés cuestionan la
inversión en formación para el empleo se presenta un estudio de carácter exploratorio de
evaluación de los costes de la formación, en concreto en la modalidad e-learning. Tras una
exhaustiva revisión de la literatura, se proponen factores clave y recomendaciones para la
implementación del modelo de evaluación. Se justifica la necesidad de obtener un nuevo
parámetro de evaluación basado en el retorno de la inversión (ROI, Return On Invest) que
hasta ahora no se ha utilizado en la inversión pública en formación.
ABSTRACT
In the current context, where media and interest groups question the investment in
training for employment, an exploratory study evaluating the costs of an e-learning
platform is presented. After a thorough review of the literature, key factors and
recommendations for the implementation of the assessment model are proposed. the need
to obtain a new evaluation parameter based on the return on investment (ROI, Return On
Invest) so far has not been used in public investment in education is justified.
PALABRAS CLAVE
E-learning, ROI, Formación, Empleo, Capital Humano, Retorno de la inversión.
KEY WORDS
E-learning, ROI, training, employment, Human Capital, return on invest.
Pedro Ramiro Palos Sánchez
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EL RETORNO DE LA INVERSIÓN EN FORMACIÓN E
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1. INTRODUCCN
El alto grado de penetración de las tecnologías de la información en la sociedad actual ha
puesto a nuestro alcance dispositivos alternativos al ordenador tradicional. Hoy en día,
convivimos con las tablets, los e-books o libros electrónicos y los Smartphones o teléfonos
inteligentes, que acercan aún más la sociedad a la tecnología de diversas formas y maneras.
Una de ellas es la posibilidad de aprender y de formar a determinados colectivos que, de
otro modo, no considerarían emplear la tecnología como metodología para mejorar sus
conocimientos y habilidades. El progresivo abaratamiento de este tipo de tecnologías,
unido a las facilidades de acceso a ellas, entre otras razones por el fomento de su uso
(digitalización de bibliotecas y contenidos) y por las mejoras de las condiciones de acceso a
internet (redes Wifi o acceso móvil a datos), contribuyen a que estos terminales formen
parte, cada vez más, del día a día de los ciudadanos.
La teleformación o la formación a través de internet (conocida como formación online o e-
learning) no es una opción de enseñanza a distancia sin más, sino un sistema de impartición
de formación, apoyado en las TIC, que combina diferentes recursos pedagógicos (Buzón,
2005). Debemos tener siempre presente, que dicha modalidad de formación supone
asimismo una forma de autoaprendizaje en el uso de las nuevas tecnologías y aunque
podemos decir que la sociedad actual cuenta con numerosos “nativos digitales”
(ciudadanos nacidos cuando las TIC formaban parte de la sociedad), es cierto que para
personas de determinados segmentos de edad, este tipo de tecnologías supone todavía un
reto, en mayor o menor medida. Formarse empleando la metodología de teleformación
“obliga” a iniciarse en el manejo de las herramientas inherentes a esta modalidad:
ordenadores, aplicaciones, internet, etc. La teleformación correctamente aplicada puede
ser, por tanto, una oportunidad de incorporarse a la Sociedad de la Información. Si se sabe
utilizar bien, la teleformación puede llegar a ser una magnífica herramienta para acabar con
la brecha digital.
Para Ponce de Haro et al. (2010), el aumento de la teleformación se debe en parte a la
actual crisis económica, ya que estimula a las organizaciones a buscar la rentabilidad de las
acciones formativas a corto plazo y obliga a los ciudadanos a prepararse de manera más
completa frente a la reducción de oferta laboral.
Por otra parte, la propia dinámica de la innovación constante en los recursos y
herramientas asociados a la teleformación (un claro ejemplo es el e-learning 2.0 y las redes
sociales), hacen necesaria la existencia de profesionales que sepan crear y aportar
utilidades que respondan a las necesidades que, en muchos casos, plantean los propios
usuarios de la formación on-line. De ahí que hayan nacido profesiones como la de tutor
virtual o community manager.
El presente trabajo de investigación tiene por objetivo abordar la influencia de estos
cambios sociales y tecnológicos, en la relación que guardan los costes de realizar acciones
formativas con los beneficios que estos aportan a la organización. Esta relación es conocida
como retorno de la inversión realizada. Este estudio se ha realizado en el ámbito del
sistema de Formación Profesional para el Empleo. Este sistema forma parte del llamado
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Estado del Bienestar y es uno de los ejes que contribuyen a ese mismo Estado como
palanca de cambio en la actitud del propio ciudadano hacia el empleo y el aprendizaje a lo
largo de la vida. En dicho contexto las acciones formativas las organizan empresas, centros
de formación, organizaciones empresariales y sindicatos con fondos públicos provenientes
de las cuotas de la seguridad social de los trabajadores y empresas.
Los beneficios que las acciones formativas generan son muchos y variados según los
modelos y autores que iremos revisando, como por ejemplo la mejora del clima laboral, de
la competitividad empresarial, la adaptación al cambio o la eficiencia de la comunicación
interna entre otros muchos "factores" que se barajan cuando se estudia el Retorno de la
Inversión que representa el gasto en formación (Cohen y Nachmias, 2006).
El planteamiento del estudio nace porque aunque existen mecanismos de control, de
justificación y de auditoría de esos gastos en Formación parecen no ser suficientes. A raíz
de las noticias aparecidas en el Reino Unido (Parliament U.K., 2016) en los últimos meses o
que se están investigando en España, el sistema ha empezado a cuestionarse. Este
cuestionamiento no se puede hacer de manera arbitraria y se deben evitar controversias
que no estén basadas en datos contrastados. Así, la propuesta de este artículo es
aproximarse a los factores que mejor pueden medir el ROI (Return On Investment) o
Retorno de la Inversión y construir una base metodológica para su cálculo en la modalidad
e-learning en el contexto ya mencionado.
Esta aproximación al cálculo entraña una dificultad debida al objeto social de la inversión.
La naturaleza social de la misma, impide conocer con exactitud el alcance del retorno.
Teniendo en cuenta este dato, la situación económica actual y la necesidad de un cambio
en las políticas de formación profesional para el empleo, se hace necesario categorizar y
reflexionar aún más en la aproximación a esta fórmula ROI que nos permitirá decidir de una
manera objetiva si se están consiguiendo los objetivos propuestos, al margen de los
actuales criterios, que miden el éxito de una acción formativa en base exclusivamente al
cumplimiento de la normativa o en algunos casos al porcentaje de alumnos que consiguen
contrato laboral a los seis meses siguientes de finalizar el curso.
Esta medición del éxito estimamos que, con los actuales criterios de evaluación, puede
traer mayor controversia con la reciente puesta en marcha de acciones formativas en
modalidad e-learning que conducen a la obtención de certificados de profesionalidad. La
demanda prevista en este sentido será importante y si no se aplican criterios donde el ROI
juegue un importante papel estimamos que generará dudas, ya que se deben distinguir los
aspectos normativos o de justificación de los fondos públicos, del éxito de una acción
formativa.
2. METODOLOGÍA
En el presente trabajo hemos llevado a cabo una metodología de investigación exploratoria.
El objetivo ha sido identificar los factores claves que influyen en la medición del ROI y la
efectividad de una acción formativa. Para ello, hemos revisado los estudios existentes. Esta
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metodología es propia de temas cuya naturaleza no ha sido muy explorada y reconocida,
como es el caso. Además, resulta difícil formular hipótesis de trabajo que puedan llegar a
ser concluyentes y tengan una base sólida en futuras demostraciones empíricas.
Aplicamos esta metodología de investigación dado que el e-learning o la reciente aparición
de incertidumbres en la gestión de la formación con fondos públicos son fenómenos
relativamente recientes.
Otro de los objetivos ha sido aumentar el grado de familiaridad con los estudios ROI sobre
formación. La aplicación de la metodología nos ha permitido clasificarlos en modelos,
obtener información sobre la posibilidad de llevar a cabo una investigación más completa
en el contexto particular anteriormente explicado e investigar sobre las razones de su
escasa aplicabilidad.
También, con la aplicación de esta metodología hemos detectado tendencias en el mercado
de la formación, identificado nuevas relaciones potenciales entre variables y el estudio de
los principales autores en esta materia.
3. MARCO TEÓRICO: EL PROBLEMA DE LA
COMPLEJIDAD DE MEDICIÓN DE LAS VARIABLES
En las últimas dos décadas, las organizaciones han usado de manera frecuente la tecnología
para ofrecer programas de formación para sus empleados, debido a los efectos
beneficiosos, tales como: la reducción de costos en los gastos de viaje y el tiempo de
formación, la flexibilidad en el ritmo de impartición de la formación, la variedad de
contenidos estandarizados disponibles, el uso permanente de material dentro de la
empresa, la mejora de la productividad del trabajador, el aumento de personas
capacitadas, el mantenimiento de la competitividad empresarial, entre otros (Chen 2008;
Womble 2008; Schweizer 2004; Burgess y Russell 2003; Bonk 2002; Nisar 2002; Setaro
2002; Sthrother 2002; Fry, 2001; Minton 2000; Tarr 1998).
Existen por tanto muchos estudios que avalan la existencia de la necesidad de conocer cuál
es el retorno de la inversión de cualquier proceso formativo, sin embargo, la mayoría lo
hacen desde una perspectiva exclusivamente cualitativa o incluso suponen que no existe
mejor retorno de la inversión que contar con una plantilla cualificada y contenta (Alió,
2007).
Sin embargo, la mejora del clima laboral o la puesta en práctica de aquello que se ha
aprendido como aportación a la productividad empresarial han sido una fuente redundante
de estudios que siempre abundan como punto final la mejora de los salarios o la
consecución de empleo cuando el trabajador está desempleado.
La valoración de la necesidad de vincular las acciones formativas con la realidad laboral es
una necesidad que se justifica en la prioridad de mejorar las cifras de desempleo de nuestro
país, el número de empleos temporales, la precariedad del empleo y que el empleo es uno
de los factores que miden los niveles de bienestar de los individuos.
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Por tanto, la formación se puede tratar como una variable exógena al grado de
empleabilidad de un individuo. De ahí la necesidad de medir su relación con el mundo
laboral para medir el grado de empleabilidad o de mejora de las condiciones para encontrar
empleo.
Esta complejidad de medición es recurrente, no sólo en aspectos de empleabilidad sino en
otros muchos, y pone de manifiesto que el cálculo del ROI en términos de retorno de la
inversión en una acción formativa es una asignatura pendiente. Y lo es en cuanto a la
evaluación, cuantificable y real, de la mejora del proceso de enseñanza más aprendizaje
derivada del uso de la tecnología (Llorens, 2009). Parece por tanto importante el análisis
cuidadoso de su justificación pedagógica, en sus ventajas educativas y en las implicaciones
prácticas de su incorporación.
Ahora bien, la formación es compleja y difícil de medir. Los beneficios más productivos de
la formación son en la mayoría de las ocasiones los más intangibles (por ejemplo
satisfacción, iniciativa y liderazgo, y las habilidades propias de las personas que configuran
la organización), mientras que los más operativos o más tangibles (por ejemplo aumento de
la productividad o ahorro de tiempo), producen resultados en el corto plazo (Horton,
2001).
Tabla 1. Categorización de Beneficios de la Formación (Horton, 2001).
Beneficios
Ejemplos/Valores de
Medida
Incidencia
Formación
Economía
Fáciles de
cuantificar y
expresar en
Ahorro en Costes
Aumento de la
Producción
Ahorro de Tiempo
Mejora en calidad
Costes
Unidades producidas
Horas de Trabajo
Productos
defectuosos
ALTA
MEDIA
Difíciles de
cuantificar y
expresar en
Productividad
Innovación
Creatividad
Políticas de
Promoción Laboral
Niveles de
absentismo o
impuntualidad
Patentes o Marcas
Rotación de Personal
Promociones
Internas
MEDIA
MEDIA
Imposible de
cuantificar y
expresar en
Mejoras en el Clima
Laboral
Iniciativa y
Liderazgo
Habilidades y
Competencias para
el puesto de trabajo
Encuestas positivas
Misión y Estrategia
Actitudes de
escucha, trabajo en
equipo, resolución de
conflictos, etc...
BAJA
ALTA
Fuente: elaboración propia.
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Una excelente propuesta de categorización de los beneficios de la formación es la que
presentamos en la tabla 1, donde podemos conocer el nivel de incidencia en la formación y
en la economía de los beneficios y ejemplos de valores de medida.
Los fondos que una organización destina a planes formativos de sus recursos humanos
tienen una relación directa con los costes e ingresos estimados que se esperen. Estos
cálculos que se suelen tomar a medio y largo plazo consideran el valor esperado. Este valor
se propone a través de tres indicadores: el coste de la formación, el incremento salarial que
se deberá abonar al empleado como consecuencia de su mayor preparación y el beneficio
que se obtendrá de la mayor preparación del trabajador (Diéguez y Sinde, 2003).
4. BASES METODOLÓGICAS PARA LA CONSTRUCCIÓN
DEL ROI Y LA EFICIENCIA
El ROI se calcula comparando el costo de desarrollo del e-learning con una medida de
aumento de la productividad (Duart, 2002). El ROI es definido como el cálculo del retorno
de una inversión habitualmente expresado en porcentaje y no es un sistema de control de
costes que usamos como mecanismo para la reducción de gastos. El ROI, como instrumento
de valoración, debe formar parte de la planificación de cualquier acción empresarial y por
ello se trata de un mecanismo post ante y no post facto.
Se trata, por lo tanto, de la valoración del retorno esperado de una inversión.
La fórmula simplificada de cálculo del ROI = Beneficios / Costes.
Algunas investigaciones enfocan el cálculo desde un diagrama clásico de relaciones entre
costes e ingresos y realizan propuestas derivadas del modelo de costes-ingresos, que
explica la economía subyacente en la enseñanza en formato electrónico. Parece que
una de las novedades frente a un estudio de enseñanza tradicional es la existencia de unos
costes de desarrollo que en otros tipos de proceso de enseñanza no existen y que están
directamente afectados por la cooperación institucional para su desarrollo o una adecuada
distribución de contenidos. Así ponen de manifiesto la importancia de costes fijos
(administración, profesorado, plataformas e-learning, etc…), costes marginales (variables
en función del estudiante), frente a ingresos por matrícula (Taylor y Osorio, 2005).
Así la formación alcanzará un ROI adecuado o positivo, si los beneficios reportados son
superiores al incremento salarial que obtiene el trabajador tras ser formado y a los costes
derivados de la impartición de la formación. Pero esto implica que la formación pueda
llegar a ser un elemento disuasorio si el personal una vez formado cambia de empleo de
manera voluntaria y se incorpora a una organización de la competencia (Diéguez y Sinde,
2003).
Los beneficios de la formación van más allá de los específicamente traducibles en valores
monetarios. No debemos por ello dejar de tratar la formación como algo que debe ser
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medido. Los resultados de una medición establecen puntos de partida para la mejora. El
problema debemos situarlo en la fórmula de medida y no en la necesidad o no de aplicarla.
Conocer la rentabilidad de la formación en general y del e-learning en particular nos
permitirá introducir factores de mejora y de innovación en el uso y en la modalidad
formativa. Valorar la rentabilidad ayuda a tratar la formación de la misma forma que son
tratadas otras inversiones y así incorporarla a las dinámicas institucionales de mejora e
innovación constante.
En el caso de la formación que hacen internamente las empresas, puede suceder que
interpreten estos cursos como premio a su dedicación y fidelidad para aumentar la
estabilidad en la empresa, mejorar su motivación y aumentar la productividad (Lozano,
2011). Estos factores tienen que ser valorados por distintos miembros de la empresa para
lograr el compromiso correspondiente de cálculo en los efectos beneficiosos del ROI. El
mismo caso en otra empresa puede ser interpretado como un exceso en los gastos de
formación que, al fin y al cabo, no van a mejorar directamente su productividad por
tratarse de acciones de formación no vinculadas al proceso productivo. En este caso nos
encontraríamos que esta posible acción formativa no se realizaría porque llevar o no a cabo
la acción formativa no afecta a la productividad de la empresa, por lo que el ROI nos ayuda
a descartar acciones formativas que no tengan beneficios para la empresa.
Sin embargo, una de las innovaciones más importante de la enseñanza a través de la
teleformación es la posibilidad de analizar los costes de una acción formativa conociendo la
tasa real de finalización de cursos y de gestión del conocimiento que ha hecho el alumno a
través de los registros que ha dejado en dicha plataforma. Esto quiere decir que habrá
alumnos que habrán finalizado con un 50% de conocimiento sobre el total del curso, que
puede ser un porcentaje adecuado en comparativa con los estándares de formación
presencial donde se desconoce el nivel de aprovechamiento del alumno al no hacer ningún
tipo de prueba de evaluación.
Este tipo de mediciones se pueden hacer, no sólo a través del resultado de las pruebas de
evaluación, sino de su participación en las herramientas offline (correos, mensajes,
participación en foros, interacción con otros estudiantes, etc…), herramientas online (por
ejemplo chats o videoconferencias) o con la información que arroja el registro de entradas
y salidas, recursos consultados o tiempo que ha permanecido conectado en toda la acción
formativa a través de la plataforma. El motivo es porque todo esto se puede medir y
analizar cuantitativamente a través de ficheros .log de la plataforma de teleformación, que
gracias a la tecnología web y al modelo cliente/servidor pone esta información a disposición
del profesor.
Estos datos nos llevan a introducir otro concepto: la eficiencia de una acción formativa. La
eficiencia es la relación existente entre los conocimientos y las habilidades adquiridas en
una formación y la información que se ha distribuido (Morán, 2002). Es decir, una
formación es más eficiente si es capaz de generar los conocimientos y las habilidades
pretendidas con la información que se ha ofrecido.
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Eficiencia= (Conocimientos + Habilidades adquiridas)/ ∑ Información emitida
Así pues, la eficiencia consiste en ofrecer la información necesaria y justa para adquirir el
conocimiento o las habilidades pretendidas. La adecuada planificación de los costes
contribuye al éxito de la actividad de una institución educativa de cualquier ámbito de
actuación. Dicha planificación debe contemplar, al menos, tres dimensiones que deben
alcanzar al producto (materias a desarrollar y qué formato electrónico utilizar), el mercado
(segmentación de clientes potenciales) y alcance geográfico o ámbito de cobertura de la
formación ofrecida (Taylor y Osorio, 2005).
5. COSTES FORMACIÓN PRESENCIAL VERSUS
TELEFORMACIÓN
F.PRESENCIAL TELEFORMACIÓN
Figura 1. Comparativa entre Formación Presencial y Teleformación.
Fuente: elaboración propia.
Si tuviéramos que identificar nuestros costes de formación y calcularlos, lo único que
tenemos que habría que hacer es sumar todos los gastos, tanto directos como indirectos,
tanto fijos como variables.
Posteriormente, dividiremos el resultado por el número de personas que participan en la
formación. El ratio resultante sería el siguiente:
Hasta ahora, tal vez las organizaciones han elegido el ahorro de costes (Phillips et al., 2000)
como la forma más común en que se han evaluado los métodos de e-learning. Se ha
CP= (A+D+ R+VA+SF+S+O) / N
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encontrado que la formación basada en la tecnología conduce a una reducción del 50% en
el tiempo y los costes en formación en el aula (Burgess y Russell, 2003).
Estos incluyen costes tales como los viajes y el salario de los alumnos, los salarios de los
instructores, los costes de productividad asociados con los alumnos y los costes de aulas y
materiales para formación. La evidencia demuestra que los programas de educación a
distancia pueden ser más rentables que los tradicionales en aulas de manera presencial
(Chute et al., 1999; Rumble, 1999).
Además, el ROI indica un retorno positivo para las empresas que implementan acciones
formativas e-learning (Phillips et al., 2000).
La Tabla 2 resume la variación de la perspectiva de costes de la enseñanza tradicional
presencial a enseñar a través de e-learning o de un sistema semipresencial que se apoye en
la teleformación parcialmente.
Tabla 2. Modelo de evaluación del ROI para soluciones e-learning (Duart, 2002).
Costes
Variación
elearning
semipresencial
Fijos ( propios del
centro, como
aulas y
ordenadores)
Deja de existir
Se reduce por inferior
tiempo de uso
Variable
(nóminas de
formadores)
Se reduce porque aumenta el
ratio alumno/formador
Se reduce el nº de sesiones
presenciales
Desarrollo
Aparecen al tener que
adaptar la intranet o los
contenidos tradicionales a la
plataforma de teleformación
Aparecen al tener que
adaptar la intranet o los
contenidos tradicionales a
la plataforma de
teleformación.
Fuente: elaboración propia.
CP= Coste por participante en el programa de formación.
• A= Alquiler de instalaciones (sí la formación es en el exterior)
D= Material fungible distribuido, (pendrive, papel, dvd, etc.)
R: Refrigerios o café.
VA= Viajes y alojamientos de formadores y participantes
SF= Salario del Formador más beneficios.
S= Salario de los asistentes más beneficios.
O= Otros costes no contemplados anteriormente
N= Número de personas que han asistido al curso
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Como se puede comprobar, se ofrecen dos escenarios de ejecución de la acción formativa.
Un escenario cien por cien e-learning y otro semipresencial, donde un porcentaje de las
horas se trabajarán con los recursos en la plataforma virtual y el resto en un aula
tradicional. Los resultados ofrecen una reducción importante de costes en función
exclusivamente de los costes de desarrollo.
Así, si la siguiente premisa se cumpliese:
C
costes de desarrollo
>= F
costes fijos
+ V
costes variables
Entonces podríamos decir que el e-learning o la formación semipresencial no es s
económica. Por todo lo que se ha ido apreciando, es necesario emplear métodos objetivos
que reflejen la realidad de los dos métodos de aprendizaje.
La tabla 3 presenta una comparativa de distintos aspectos que deben ser tenidos en cuenta
en el momento de calcular las tasas de ROI en acciones formativas en función de si es
ejecutada en modalidad online o como venimos diciendo e-learning o presencial.
Tabla 3. Aspectos definitorios en el cálculo del ROI de la Teleformación.
Características
Formación
Presencial
E-learning
Control de seguimiento del participante
NO
Evaluación del participante sobre calidad del curso
Evaluación al participante sobre su nivel de aprendizaje
NO
Control accesos y realización de prácticas
NO
Asistencia a puesto de trabajo en cursos largos
NO
Predecibilidad del contenido
A MEDIAS
TOTAL
Acceso indexado al contenido
NO
Fuente: elaboración propia.
Como ya hemos dicho, en la enseñanza bajo modalidad e-learning o teleformación, todo se
mide. El fracaso del participante es tangible mientras que en el caso de la formación
presencial es muy infrecuente medir el nivel de aprendizaje de los participantes. El fracaso
del participante es intangible. Por el contario, el del instructor es tangible, ya que siempre
el participante evalúa la calidad de los instructores y del curso (Lozano, 2003). Como
contrapartida, el instructor no informa, excepto en casos extremos, de la falta de atención
durante la explicación, ni es capaz de determinar el nivel de aprendizaje, si no realiza
evaluaciones parciales o retroalimentaciones.
Dado que en e-learning todo es transparente, podemos medir el seguimiento, la
participación, el aprendizaje y la asistencia del alumno. El tutor o profesor online se
esfuerza por ser lo más interactivo posible, mientras que en la modalidad presencial se
esfuerza por ser pedagogo y ofrecer sus conocimientos, pero no puede saber si cuando
alguien le mira está asimilando los conocimientos o simplemente está actuando. En e-
learning casi siempre sabremos si acceden los alumnos o no, si terminan sus prácticas, si
ahorran tiempo o si no aprenden.
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APROX
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Es importante definir el concepto de acceso indexado al contenido. Esta innovación que es
intrínseca a toda plataforma online, permite que el participante sea capaz de decidir qué
contenidos le interesan eliminando tiempos muertos de recepción de contenido que ya
conoce. En formación presencial esto es imposible ya que la entrega de contenido se hace
de forma secuencial. Se estiman ahorros en torno al 30% del total para este caso.
6. LA FINANCIACIÓN DE LA FORMACIÓN PROFESIONAL
PARA EL EMPLEO
En muchos países occidentales, la formación profesional se financia por las cuotas de la
cotización de los trabajadores, en especial por cuenta ajena, retorna a las empresas y
trabajadores ocupados o en desempleo por la programación de acciones formativas
grupales o individuales (un caso especial son los permisos individuales de formación) en
modalidades presenciales, a distancia o en teleformación.
Estas acciones son programadas en España por la Administración General del Estado y por
las Comunidades Autónomas. En el caso estatal por la Fundación Tripartita y el Servicio
Estatal de Empleo (SEPE) que financian programas a grandes empresas, asociaciones
empresariales, sindicatos y centros de formación (Casal et al., 2003). Sin lugar a dudas, la
formación profesional contribuye decisivamente a la mejora de la empleabilidad de los
trabajadores (Itami y Roehl, 1987; Serón, 1999; García Cabrera y García Soto, 2008), pero
en los últimos años se está cuestionando su gestión, a pesar de a pesar de que España aún
está lejos de alcanzar los niveles de los países punteros de la Unión Europea (Danvila y
Sastre, 2006). De hecho, existe un cuerpo normativo importante que regula su gestión y
aplicación de los fondos. Además, estos han ido disminuyendo desde 2012, donde
descendieron alrededor de un 40% respecto al año anterior, y descendió el volumen de
trabajadores en formación a un 26% (Quesada et al., 2015). De hecho, han llegado a
producirse contradicciones en el sistema público de formación, como el caso de la
Comunidad Autónoma de Andalucía. La Comunidad con más desempleo de España lleva
cuatro os sin gastar más de 600 M€ de los fondos que aporta el Estado y El Fondo Social
Europeo.
Desde un punto de vista práctico y simplificador el ROI positivo, es aquel resultante de
aplicar en los planes de formación profesional, aquellos cursos que han sido más impartidos
a través de esta modalidad en las empresas. El empleo de contenidos estándar testados por
empresas permite obtener mayores garantías de éxito y mejorar los resultados en las
organizaciones (Lozano, 2011).
Pero el modelo resulta más complejo, porque la propia evolución de la economía y de los
sectores productivos hace difícil esa estandarización a medio y largo plazo. A este dato,
habría que añadirle que en estudios sobre e-learning en formación profesional para el
empleo, los cursos dirigidos a los recursos humanos, calidad, marketing y ventas,
habilidades directivas, cultura empresarial, formación administrativa y económico
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financiera son áreas que en su conjunto ocupan más del 70% de las experiencias realizadas
en áreas de formación e-learning (Apel, 2011).
Igualmente, se puede comprobar que los cursos de informática, tecnologías de información
y de Internet son los que mayor porcentaje ocupan respecto a las diferentes áreas. Con un
porcentaje superior al 11,5% se sitúan como los de más difusión, seguidos por los de
productos propios de las empresas, para formar rápida y eficazmente a miembros de las
organizaciones sobre nuevos productos o servicios y agilizar así la oferta de los mismos al
mercado. Esta área supone algo más del 10% de las experiencias, pasando a un tercer lugar
los cursos de idiomas. Ahora bien, no podemos limitarnos sólo a pensar que la formación
mejora habilidades, debemos determinar cómo esa mejora en habilidades repercutirá en
los resultados económicos de la empresa, cómo generará valor a los accionistas, cómo
generará satisfacción en el cliente y cómo beneficiará a cada uno de los empleados de la
organización contribuyendo a su satisfacción y a su motivación personal (Duart, 2002).
La medición del ROI, bajo las circunstancias comentadas, reside en no contar sólo con los
beneficios obtenidos por la capacitación en habilidades y conocimientos que se han
adquirido durante el aprendizaje. Es decir, el ROI nos debe permitir realizar una estimación
de cómo ha repercutido ese proceso formativo en términos de mejora de productividad de
la organización (Rubio, 2003). De esta manera, el ROI es una herramienta que permite
controlar si en términos de eficiencia y eficacia se están aplicando correctamente los
fondos destinados a formación profesional.
7. MODELOS RELACIONADOS CON LA EVALUACIÓN ROI
EN FORMACIÓN
Uno de los modelos relacionados con el ROI en formación, que han gozado de mayor
divulgación en distintos países es el modelo español creado por Itaca, Global Learning &
Development denominado HCTR (Human Capital Training Roi). Una metodología que
describe minuciosamente y con practicidad diferentes herramientas para evaluar por un
lado la formación y vincular con enfoques tanto cualitativos como financieros un plan de
formación y desarrollo del capital humano (Palacios y Plaza, 2008). Como se puede ver la
Tabla 4, el ROI se mide bajo la quinta perspectiva del modelo y es consecuencia de las
cuatro anteriores: satisfacción, conocimiento, eficiencia y valor.
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Tabla 4. Las 5 perspectivas de la Evaluación de la formación.
Fuente: elaboración propia basada en Palacios (2008).
En las experiencias encontradas en la revisión de la literatura y que han sido llevadas hasta
ahora para medir el ROI en la Formación, se distingue la medición a través de herramientas
indispensables y que nos son necesarias para obtener el ROI: el cuadro de mando de RR.
HH., la gestión del talento por competencias o la mejora del desempeño humano. En cada
una de ellas, se deben identificar: indicadores cualitativos y sobre todo cuantitativos, y
cómo medir y calcular los más relevantes para diseñar adecuadamente un Plan Integral de
Evaluación de la formación (Plaza, 2008).
Tampoco debemos olvidar que algunos autores han cambiado la perspectiva de la gestión
de los RRHH. Es el caso de Kaplan y Norton, (1997), que introducen el Cuadro de Mando
Integral (C.M.I.), un sistema de medición que contribuye a administrar mejor y crear valores
a largo plazo, involucrando al personal, administradores, ejecutivos y suministradores,
complementa los indicadores financieros y no financieros, logrando un balance en el que la
organización, al mismo tiempo que alcanzar resultados a corto plazo puede construir su
futuro de forma exitosa cumpliendo su misión y garantizando que todos los trabajadores
mantengan un sentido de pertenencia.
Existen modelos de medición de evaluación de la formación que evalúan una acción
formativa desde tres niveles: comprobar el nivel del cumplimiento de los objetivos
educativos, mejorar la propia acción formativa y determinar el retorno de la inversión
realizada (Rubio, 2003).
Estos modelos proponen distintas variables que hay que tener en cuenta para su diseño e
implantación. En la Tabla 5, podemos comprobar diferentes modelos que van desde la
evaluación diagnóstica, antes de la acción formativa a la evaluación final, tras el desarrollo
de la acción formativa. Esta visión conceptual de los grandes modelos que se vienen
utilizando en la medición del impacto de la formación, no se encuentran en la literatura
consultada como aplicados en la actualidad para medir la inversión de fondos en formación
de trabajadores en nuestro país.
Uno de los modelos que se pueden ver en la tabla 5 (Kirkpatrick, 1994), el cual realiza un
cálculo del ROI estableciendo una relación directa con el impacto resultante. Este modelo
es perfectamente trasladable a un entorno de aprendizaje virtual o e-learning, debido
fundamentalmente a su sencillez y a su inmediata aplicabilidad (Jiménez y Barchino, 2011).
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Esto es así, debido a que el ROI es un valor que podemos obtener a priori, es decir, es una
estimación de los costes y beneficios relacionados en una acción formativa. En el
cumplimiento del nivel 4 de Kirkpatrick, los resultados y el impacto que pueda tener en los
objetivos, nos permite contrastar los datos reales con los previstos.
Como se puede ver en la Tabla 5, el modelo de Wade tiene unas variables muy parecidas al
de Kirkpatrick. Sin embargo, existen diferencias importantes en los niveles referidos al
impacto.
Tabla 5. Modelos de medición de la eficacia de la formación.
Modelo
Variables
Modelo Sistémico de Vann Slyke
et al. (1998).
Provee de un conjunto de
variables que interactúan como
factores predictores del éxito de
la acción formativa on-line.
- Características institucionales
- Características de los destinatarios
- Características del curso
- Características de la formación a distancia
Modelo de los cinco niveles de
evaluación de Marshall and
Shriver (en McArdle, 1999).
Se centra en cinco niveles de
acción orientados a asegurar el
conocimiento y competencias.
- Docencia
- Materiales del curso
- Currículum
- Módulos de los cursos
- Transferencia del aprendizaje
Modelo de los cuatro niveles de
Kirkpatrick (1994).
Ha sido y es ampliamente
utilizado en la evaluación de
acciones formativas tradicionales.
Evaluación del impacto de una determinada acción
formativa a través de cuatro niveles:
- la reacción de los participantes
- el aprendizaje conseguido
- el nivel de transferencia alcanzado
- el impacto resultante.
Modelo de Phillips (1996)
Parte de los cuatro niveles de
evaluación de Kirkpatrick y
propone un quinto nivel: el
“retorno de la inversión” o la
proporción de beneficios netos
en relación al coste del
programa.
Desarrolla un modelo de procedimiento para
realizar los análisis de retorno de la inversión.
- La medición del “proceso de retorno de la
inversión”, comprende unas etapas más:
Conversión de los efectos en los valores
monetarios
- Tabulación de los costos del programa
- Cálculo de rentabilidad de la inversión
Modelo de Wade (1994)
La evaluación es concebida como
la medición del valor que la
formación aporta a la
organización.
- Respuesta
- Acción
- Resultados
- Impacto en la formación a través del
análisis del coste-beneficio, es decir
Rentabilidad
Fuente: elaboración propia basada en Belanger y Jordan (2000).
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Para Wade (1994) los dos niveles progresivos en este tipo de evaluación son la evaluación
de los resultados y la evaluación del impacto. El primero define los resultados que la
formación genera en términos de mejora de la empleabilidad.
Esta variable se puede medir a través de indicadores cualitativos y económicos. La segunda
variable referida a la evaluación del impacto que la formación genera en la organización, es
medible a través del análisis del coste-beneficio.
ROI= x 100
Lo que parece ser común a alguno de los modelos presentados y más valorados es que la
etapa final en un proceso de formación debe ser conocer y valorar la eficacia obtenida, algo
que en pocas organizaciones se hace porque se considera que la validación del proceso
formativo es demasiado caro, que carece de utilidad o no aporta nada y que es difícil de
medir en términos financieros (Danvila y Sastre, 2006).
8. CONCLUSIONES
La existencia de políticas públicas y que la formación para el empleo forma parte del
llamado conjunto de estrategias públicas que contribuyen al establecimiento del Estado del
Bienestar, hacen crucial que estas puedan ser entendidas a la hora de renovarlas,
actualizarlas y especialmente, cuando llevan parejas la innovación. El fomento del uso de la
tecnología en la docencia es una innovación reciente en nuestros días y el estudio de su
rentabilidad es una fuente de argumentos para justificar las inversiones necesarias.
Las conclusiones alcanzadas justifican la necesidad de obtener un nuevo parámetro de
evaluación basado en el retorno de la inversión (ROI, Return On Invest) del que hasta ahora
parece que se ha hecho poco uso en el capítulo de la inversión pública en formación
profesional. El análisis del esfuerzo en formación debería considerarse en varias
dimensiones diferentes que van desde la inversión realizada en formación, el tiempo
destinado a la misma o la variedad de la formación ofrecida a otros como los resultado en
términos de productividad para la organización, la mejora de la empleabilidad en términos
de categoría, salario, empleo o del clima laboral.
Ahora bien, en general se puede afirmar que existen factores encontrados de muy difícil
valoración como lo son todos los que guardan relación con el comportamiento posterior de
los alumnos y los resultados. Las medidas obtenidas por tanto de algunos factores son más
difíciles de evaluar de forma clara y concisa. Pero los beneficios y costes se deben
identificar claramente, si bien son los beneficios los de mayor dificultad de medición.
Algunos de ellos, como el ahorro en costes o en tiempo son de fácil medición, mientras que
COSTOS DEL PROGRAMA
UTILIDAD (BENEFICIOS NETOS DEL PROGRAMA)
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los relacionados con la innovación y la creatividad, mejoras en el clima laboral, perspectivas
laborales son más difíciles de cuantificar.
Los resultados obtenidos en la investigación exploratoria parecen concluir con que una
reducción importante de costes en formación e-learning podría venir en función
exclusivamente de los costes de desarrollo. En ese caso estaríamos ante una modalidad que
no es más económica que la formación semipresencial. Por todo lo que se ha ido
apreciando, es necesario emplear métodos objetivos que reflejen la realidad de los dos
métodos de aprendizaje y estaríamos ante una posible hipótesis de futuros estudios.
Los estudios sobre la evaluación de los resultados de la formación no suponen ninguna
novedad, a pesar de su escasa aplicabilidad a los fondos públicos. Su aplicación a nuevas
modalidades como el e-learning o al aprendizaje colaborativo, según avanza esta
tecnología, supone el principal reto de este trabajo.
El futuro de la investigación en el campo del e-learning de acciones formativas financiadas
con fondos públicos es muy necesario para ayudar a las Administraciones a que su gestión
en el control de la distribución y correcto uso de los fondos sea medible en términos de
mejoras sociales y económicas. La aplicación del ROI podría acabar con episodios tan
desagradables en los medios y mejoraría la gestión de este importante pilar de la
empleabilidad, que de esta manera no estará sujeta a la controversia de aquellos que
desconocen por completo su importancia.
Un campo futuro de investigación sería llevar a cabo investigaciones descriptivas que
puedan demostrar empíricamente en este campo de actuación la eficacia del ROI
distinguiendo entre formación en habilidades o herramientas y otros tipos de formación.
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